• Concentración al comer: aunque nos pueda parecer mentira, el cuerpo necesita concentrarse a la hora de comer. Para que asimile todos los alimentos ingeridos y por consiguiente pueda hacer una buena digestión, es importante comer y masticar lento. Esto, aparte de poder saborear más la comida, hará que “rompamos” los alimentos en trozos más pequeños para una mejor digestión y ayudará a que no entre tanto aire en el estómago.

A demás, cuántos menos estímulos externos (TV, libros…) mejor, pues facilitará a darnos cuenta del nivel de saciedad, por lo que no comeremos por comer, y hasta podrá ayudarnos a  bajar de peso.

  • Disminuye el azúcar y la sal en tus platos: aunque no tenemos por qué suprimir al 100% la sal y el azúcar de nuestra dieta, sí que es recomendable consumirlos lo menos posible. ¿Cómo podemos hacerlo si somos fans de estos ingredientes? Fácil; sustituirlos por otros más sanos. Una alternativa dulce para el azúcar es la canela. Esta especie muy aromática queda genial como acompañamiento al yogur, el café, té, repostería… unas cucharaditas de esta especie hará que tu “alimento” se endulce saludablemente.

Y, ¿para la sal? Aún más fácil; con tal de que nuestros platos no queden sosos o insípidos podemos ayudarnos de otras especies y condimentos como por ejemplo, el orégano, el curry, el ajo en polvo, las hierbas provenzales…  un toque de cualquier de ellas aportará una explosión de sabor de forma natural.

  • El verde viste tus platos: acompaña tus comidas con un toque de verde, esto es, intenta siempre añadir lechuga, rúcula, brócoli, calabacín… cualquier de estos vegetales no solo hará que tu plato esté aún más sabroso sino que te aportará los nutrientes necesarios diarios para el cuerpo. Por tanto, come de todo, pero no te olvides de añadirle un toque de verde!
  • Bebe agua mientras comes: el agua es necesaria en cualquier momento del día, pero, a la hora de ingerir alimentos debemos ayudar a nuestro organismo a que haga su función de la mejor forma posible. Uno vaso por cada plato que injiramos es suficiente para que el cuerpo pueda realizar una mejor y completa digestión así como para eliminar las toxinas y excesos que no necesita. Si eres de los que te cuesta beber agua,

ayúdate de las aguas de sabores o mejor aún, hazte la tuya propia casera. Añade a tu botella de agua limón, lima, fresas…aquellas fruta que más te guste y parecerá que bebes un refresco.

  • Cuidado con cenar muy tarde: aunque en nuestro país es realmente difícil poder cenar a una hora más o menos temprana debido a nuestro ritmo de vida, horarios de trabajo… la mayoría de países europeos almuerzan y cenan mucho antes de lo que nosotros lo hacemos.

¿Por qué es bueno cenar antes? A parte de que cenar más temprano ayuda a no llegar con un hambre voraz a comer y por tanto arrasar, es bueno cenar a horas tempranas ya que así damos más tiempo al organismo para realizar la digestión, también evitamos ir a dormir hinchados o con sensación de pesadez, que esto conlleva a poder alterar el ritmo del sueño.

La calidad de la cena repercute en el descanso del sueño.